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Mi Maestro Swami Tilak |
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Escrito por ® Antonio Javier Plazas
busca de su gurú, viajando a pie en la más estricta tradición de los monjes
renunciantes, y viviendo solo de la caridad. Fue la primera experiencia como un joven
sannyasin de lo que sería su modo de vida el cual lo llevó a viajar por más de
cincuenta y seis países en todo el mundo. En este período él tuvo muchas experiencias de cómo Dios protege a aquellos que se
dedican a la vida espiritual. Su viaje sirvió para acrecentarle aún más su necesidad de
dedicarse por completo a la vida espiritual, pero a pesar de todo en ese momento no pudo
encontrar a su gurú para que lo guiara en este camino. Decepcionado con la poca
profundidad de las organizaciones espiritualistas, regresó un día nuevamente a su
trabajo anterior como editor. Tres años después, de pronto desapareció. Nadie sabía adonde se había ido, y nunca
volvieron a saber más de el. El caso es que Swami Tilak había tomado la firme decisión
de lanzarse de una vez por todas en la búsqueda de su maestro espiritual, aunque esto le
llevara toda la vida. Su viaje anterior le había demostrado que no iba a poder encontrar la verdad de su ser
que tanto deseaba en las grandes y famosas organizaciones religiosas ni en sus famosos
gurús, así es que evitando todo contacto con estos grandes personajes, y sus
instituciones swamiji dirigió sus pasos al sagrado río Narmada, donde Sri Idi
Shankaracharia, el fundador de las diez órdenes de swamis advaitas y gran exponente de la
filosofía vedanta había realizado gran parte de su sadhana (práctica espiritual). Swami Tilak comentaba que en aquella época de su vida casi llegó a perder la
esperanza de encontrar la verdad en este mundo pero finalmente su búsqueda lo condujo al
encuentro con su maestro, Baba Bajaranga Dasji Maharaha. Sobre su encuentro con Babaji su maestro Swami Tilak contaba lo siguiente: "Fue
una tarde. El sol estaba a punto de ponerse. Cansado me senté en una roca. Algunos
pastores regresaban a sus casas y se acercaron a mi para pedirme que los acompañara a su
aldea. ¿Por qué debo ir? ¿Acaso hay algo especial en su aldea? pregunté. Y finalmente
al ver sus miradas inocentes y sus gestos sinceros fui con ellos. Aquella noche los aldeanos me dijeron que cerca vivía un gran santo conocido por su
austeridad, conocimiento y devoción. Era además, la encarnación del amor. A la mañana siguiente reanudé mi viaje por el río. Apenas había caminado una millas
cuando vi a mi derecha una pequeña cabaña encima de una rocas blancas. De pie, al lado
de la cabaña había un joven santo. No quise parar y continué unos metros. Volví la
cabeza y vi que el joven santo estaba todavía allí. Una voz interior me dijo "Ahora
que le has visto ¿qué puedes perder en ir a presentarle tus respetos?". Di la vuelta y subí hasta la cabaña. Encontré que el joven santo no estaba solo.
Había otro santo, mayor, sentado rodeado por unos devotos. Me postré delante de éste y
esperé su reacción. Me hizo algunas preguntas de costumbre y entonces preguntó: "¿Estás haciendo un
peregrinaje por el Narmada?". No quise revelarme, así es que le dije "No Señor". "Cuál, entonces, es el propósito de su caminar?". "Ninguno, Señor". "Hijo mío," contestó con una sonrisa, "Ni siquiera una brizna de
hierba puede dejar su lugar sin algún propósito. Así que ¿cómo lo haces tu?". Sus palabras tan penetrantes me pusieron en guardia. Tuve que reconocer que me había
equivocado. "Discúlpeme, Señor. Estoy buscando el Conocimiento." Sin decir nada más, el santo se levantó y empezó a regar las plantas. Me sentí
ofendido al pensar que no me hacía ningún caso, así es que decidí marcharme. Cuando le
pedí su permiso me miró de los pies a la cabeza y dijo sonriendo: "Nadie viene
aquí para marcharse. Así que, ¿cómo lo has a hacer tu, hijo mío?". Con estas
palabras, él desinfló por completo mi ego. Me sometí totalmente, percibiendo una
sensación desconocida en todo mi cuerpo. Había escuchado tantos discursos y exposiciones
religiosas, pero ninguno me impresionó tanto como estas primeras palabras de mi Maestro,
tan sencillas pero tan profundas². A partir de este momento empezaron años de pura dicha para Guruveda, sirviendo a los
pies de su Maestro Baba Bajaranga Dasji Maharaja. La cabaña donde vivían era muy
sencilla, sin ninguna comodidad. La vida austera. En la ermita, junto con Gurudeva y
Babaji, vivían algunos devotos, pero nunca hubo más de cinco o seis personas. ¿Cuál era la enseñanza que Babaji impartió a su discípulo? Gurudeva poseía un
intelecto brillante y tenía mucho conocimiento de los libros de filosofía (Upanishads) y
de las demás Escrituras Sagradas de la cultura Védica. Conocía perfectamente todas las enseñanzas de todas las diferentes escuelas dentro
del Hinduismo y las exposiciones filosóficas de sus grandes Maestros además de haber
estudiado las doctrinas de las demás religiones. También conocía las diferentes
técnicas de meditación y pranayamas, junto con las demás disciplinas del Yoga. Conocía
y amaba la cultura e historia de su país. En su juventud había participado activamente
en algunos partidos políticos luchando para la independencia de la India, e incluso
había pasado unos meses en la cárcel por sus ideología patrióticas. Tenía grandes
dotes de oratoria y facilidad para escribir. No fue ninguna instrucción académica ni cultural, ni siquiera de metodología del
yoga. Ni tampoco hacía falta formación monástica, Gurudeva sabía muy claramente cual
era su camino. Babaji enseñó a Gurudeva a vivir en la verdad y reconocerla dondequiera
que estuviera. El era su Brahmavidya Gurú (aquel maestro que instruye directamente sobre
el conocimiento de la naturaleza de Brahman, el Todo Absoluto). La enseñanza de Babaji
puede ser resumida en pocas palabras: "Hijo mío, hay bastantes santos y sabios en el
mundo ¡Primero hazte un hombre!". Babaji enseñaba que un hombre no era envidiado por su ostentación, sino respetado por
su sencillez. La humildad no significaba la mansedumbre, sino la disposición para
reconocer la grandeza de otros. A lo largo de todos sus viajes, Gurudeva llevó consigo
dos mantrams que su Gurú le dio, que resumían en gran parte la enseñanza que había
recibido. El primero era el mantram de la Asimilación: "Primero, libérate del ego,
y entonces usa palabras que pueden dar la misma felicidad a otros que te dan a ti". El segundo mantam era el de la modestia: "La modestia otorga la gloria, mientras
la ansia por la gloria la aparta a uno de Dios. Debido a su tamaño reducido la hormiga
puede recoger partículas de azúcar de entre el polvo, mientras que el elefante solo
puede ensuciarse con ello". La formación de su carácter fue la enseñanza más importante que Gurudeva recibió
durante el poco tiempo que podía permanecer en compañía de su Maestro. Siempre contaba
que el profundo amor y compasión que Babaji sentía hacia todas las criaturas se
manifestaba en un comportamiento curioso cuando alguien conocido se acercaba. En cuanto
veía al amigo, Babaji, en muchas ocasiones lloraba. También, le afectaba terriblemente
el que alguien se marchara del Kuti. Algunos, y entre ellos el mismo Gurudeva, no entendían ese comportamiento,
confundiéndolo con excesos de sentimentalismo. Gurudeva llegó inclusive a reprocharle
por sus lágrimas "!Quien está afligido! La aflicción no puede ni acercarse a mi.
Estas son lágrimas de amor, y no tienen nada que ver con la infatuación" le
contestó Babaji. Pronto, Gurudeva pudo comprender por si mismo la verdad de sus palabras.
Aunque Babaji amaba profundamente a su discípulo, y el tiempo que pasaban en
compañía era para los dos la más alta dicha del amor y comprensión, no tardó en
enviarle fuera del Kuti para el primero de sus viajes de predicación, y a cumplir con lo
que él sabía era el servicio que Gurudeva debía prestar a la humanidad. Le dijo:
"Hijo mío. El mundo está sufriendo terriblemente. Tanto los ricos como los pobres
están viviendo en condiciones miserables. El hombre no puede vivir solo de pan. Necesita
gracia divina y la luz de la espiritualidad. Tu tienes que llevar a cabo esta tarea. Es
urgente e importante". "Pero Maharajaji", dijo Gurudeva, "yo no tengo
ni la habilidad ni los recursos para hacer esto". "No te preocupes. Todo vendrá
a ti sin que tengas que pedir nada, ten fé en mi". De esta manera, gracias a la visión de Babaji, el mundo entero ha podido beneficiarse
del mensaje de espiritualidad verdadera transmitida en las enseñanzas sabias de Gurudeva.
Cuando se despedía de su Maestro, éste le besó cariñosamente diciendo:
"Recuerda siempre que todas las casas son tuyas; todas las sectas son tuyas; todos
los países son tuyos; todos los Gurus son tuyos. Comparte la alegría de otros y también
su aflicción. Sé tan transparente como el agua. No te pongas ningún límite. Siga
fluyendo, llenando zanjas y pozos". Si Gurudeva había tenido alguna duda acerca del verdadero desapego de su Maestro, le
fue aclarada en una ocasión en que, tras una ausencia de 8 años, él regresó a los pies
de su Maestro. Pero pronto le vino la orden de llevar su mensaje fuera de la India en un
viaje que le llevaría al occidente. En el ambiente puro y espiritual del Kuti, Gurudeva
se sentía muy a gusto sirviendo a los pies de su Maestro de nuevo. Sabía que Babaji se
sentía orgulloso de él. ¿Acaso no decía una y otra vez, enseñando su foto a todos,
"Mirad, éste es mi discípulo. Ahora está difundiendo dharma (la religión) en todo
el mundo"?. Gurudeva sabía de la necesidad de marcharse, y decía cada día "me marcho, me
marcho". Pero cada día pensaba "¿Por qué tanta prisa? Han pasado 8 años. Me
quedaré aquí un poco más. ¿Dónde voy a encontrar tanta paz como aquí? ¿Dónde voy a
encontrar alguien que me quiera como Babaji?". Pronto Babaji le hizo volver a la
razón. Una noche, mientras hablaba con algunos devotos, dijo "Algunos hablan de
marcharse. Sin embargo, no se van. Si no piensan irse ¿por qué hablan de ello?". El
día siguiente, Gurudeva se despidió de su Maestro y emprendió su gran viaje por el
extranjero. Durante su padayatra (peregrinaje a pie) de ocho años a lo largo de la India, Gurudeva
fue perdiendo la poca ropa que tenía. Un día fueron los zapatos que se rompieron. A
partir de este momento, nunca volvió a usar zapatos. Otro día se rompió su
"kurta" (camisa). Tampoco volvió a usar ninguna kurta. Y así, hasta que se
quedó con solo un lunghi (pieza de tela que cubre desde la cintura hasta los pies) y una
manta de lana. Esta fue, durante los 20 años que le quedaban de vida, su única ropa. Para la persona
que recibía a Gurudeva por primera vez, sabiendo que vivía viajando, era una gran
sorpresa ver su equipaje. El llevaba un lunghi de muda, lo necesario para su aseo y dos
libros: el Ramayana y el Mahabharata. Todo cabía en una pequeña bolsa de mano. En una ocasión, durante una entrevista en la radio, el interlocutor preguntó a
Gurudeva: "Swamiji ¿acaso usted viene a establecer una secta de monjes
descalzos?" "Amigo mío", contestó Gurudeva, "yo no vengo para
establecer nada nuevo. Mi única esperanza es que si me ve un hombre rico, rodeado de sus
posesiones, cómodamente sentado en su casa, pero que sin embargo se pregunta ¿por qué
no soy feliz? podrá acordarse de aquel monje que viajaba sin dinero, vestido con dos
piezas de tela y que no tenía siquiera zapatos para sus pies, pero era totalmente feliz.
Y quizá entonces él se dará cuenta que la felicidad está en esta realización del Ser
Interno y no depende de cosas materiales". Estando acostumbrados a tener que tratar a autoridades religiosas con toda pompa y
ceremonia. Cuidarse mucho de no introducir temas polémicos, acerca de sectas, castas,
autoridades o escuelas rivales en la conversación. Y esperar hasta días enteros para ser
recibidas por ellas, las personas quedaron primeramente desconcertadas y después
encantadas con el espíritu libre de Gurudeva. El rechazaba categóricamente cualquier tipo de ostentación con respecto a su persona.
Su Gurú le había mandado mostrarse como un monje peregrino e iluminar los corazones de
sus devotos con su ejemplo además de sus palabras. Para enseñar humildad, el mismo
cogía la escoba para barrer su cuarto. Para enseñar el autocontrol, nunca aceptaba
ningún jersey, aún cuando en Rusia había 10 grados bajo cero. Para enseñar la modestia
estaba siempre dispuesto a presentar sus respetos a cualquier persona de autoridad, aun
cuando el conocimiento de éste fuese inferior. Para enseñar la compasión, el contestaba
personalmente todas las cartas que recibía, que eran al menos 30 a la semana, y atendía
personalmente a todos aquellos que venían buscando su ayuda. Si estaba en una ciudad
donde vivía alguien conocido, el iba a saludarle aunque tuviera que andar 10 kilómetros.
Para enseñar la sencillez, nunca aceptaba dinero más allá de lo que necesitaba para
viajar a su próximo destino, y cuando viajaba, siempre escogía el medio de transporte
más económico. Para enseñar el poder de la fe en Dios, viajaba sin dinero ni apoyo de
ninguna organización. Muchas veces se introducía en países o ciudades donde no conocía
a nadie, y hasta donde ni hablaba el idioma. No le importaba dormir en la calle o estar
días sin comer esperando que la mano de Dios le amparase. Estas circunstancias, en vez de
poner a prueba su fe, le confirmaba en ella, porque, a pesar de la manera tan arriesgada
en que viajaba, siempre había alguien dispuesto a ayudarle. En todas las casas que visitaba, Gurudeva cocinaba platos deliciosos para sus
anfitriones. De esta manera, a través del Prashad (comida ofrecida a Dios, cocinado por
un hombre religioso) purificaba los cuerpos y las mentes de todos los que comían de su
comida. Esta fue su bendición silenciosa a todos aquellos que le daban hospitalidad. Un día, un Pandit (erudito) de la casta de los Brahamanas (la casta más elevada, de
sacerdotes, maestros, etc) quiso enterarse si Gurudeva era un Brahmana Sannyasin (de la
casta Brahmana) para saber si le debía presentar sus respetos o no. Gurudeva, al
enterarse de esto, se rió y fue a postrarse ante el Brahmana diciendo que el era el
chandala (miembro de la casta más baja, los intocables). Gurudeva comentaba: "Gracias a la enseñanza que recibí de mi Guru, yo puedo sentirme cómodo en cualquier lugar. Gracias a tener una actitud de igualdad hacia todos, he podido penetrar los fuertes de diferentes sectas y escuelas de filosofía. Dualistas y no-dualistas, todos me han abierto las puertas con alegría. Los Brahmanas y los pariahs, todos me ofrecen hospitalidad en sus casas. Muchas veces me han preguntado "¿Swamiji, quien es usted? ¿Es usted Advaitin (no-dualista) o Dvaitin (dualista)? ¿Es usted Brahmana o Kshatriya? ¿Vaishya o Sudra? (Brhamana, Kshatriya, Vaishya y Sudra son las cuatro castas Hindúes). Nos sorprende mucho ver que todo tipo de personas acuden encantadas a sus conferencias" |
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